ANTES Y DESPUÉS DE LA OBSIDIANA: UNA ENDODONCIA

Cuando el dentista me dijo que la muela que inocentemente se me había destapado requería una endodoncia, me evocó la memoria de la experiencia anterior.

“Pero si no tengo dolor”, le reclamé. Llamó su atención la ausencia de dolor, pero me explicó que por la severidad del daño esto era lo más recomendable.

Hace algunos años, una muela me molestaba con todo, frío, calor, al lavarme los dientes, al tomar café, al comer helado, una pesadilla. El diagnóstico fue una endodoncia en aquella ocasión. Llegó el momento de hacerla. La anestesia siempre tarda en hacer efecto y normalmente requiero el doble de lo previsto. El recibir el doble de piquetes en la encía, tener la boca abierta de cocodrilo por tanto tiempo, el traumatismo del trabajo, en fin, definición de tortura moderna. Salí de ahí con mi receta de “Prodolina” a comprarla antes de que se me disparara el dolor al ceder la anestesia. Por la noche fue imposible dormir, me dolía la articulación de la mandíbula, los piquetes se habían hecho aftas y todo ese lado de la boca se sentía fuertemente adolorido. No pude abrir la boca todo el fin de semana, tomaba las prodolinas cada 6 horas sin parar y sufrí el dolor residual como por cinco días. Una pesadilla completa.

El mes pasado fui a la sentenciada endodoncia, mismo especialista, paciente trabajando obsidianas por año y medio aproximadamente. Al sentir el dolor del piquete de la anestesia me acordé que el dolor no está en el cuerpo físico; respiré y al exhalar, mágicamente el dolor se redujo a la mitad, muy soportable. De la doble dosis no me salvé, ni de la boca de cocodrilo. La diferencia es que yo estaba en mi centro, relajada, respirando. En cierto momento me preguntó el dentista si no tenía miedo o estaba nerviosa. “No”, le contesté. Intrigado, pero a la vez complacido, siguió trabajando. Terminó la primera sesión, me recetó analgésicos si había dolor, le dije que no se preocupara, que yo sabía que hacer. Para cuando llegué a casa, la anestesia estaba cediendo y el dolor haciéndose presente. Veinte minutos de Ixtli local más las gotas de Ixchell que ya venía tomando de tiempo atrás hicieron la magia. Cero dolor y cero inflamación. Por la tarde estaba perfecta, como si no hubiera ido al dentista.

La siguiente sesión estuvo un poco más accidentada; a pesar de la doble dosis de anestesia, ésta no hizo efecto completo. Había dolor en la parte superior de la muela y en la articulación de la mandíbula durante la segunda parte de la endodoncia. Cuando se fue la luz y me quedé sola por algunos minutos en el consultorio a medio tratamiento, aproveché para invocar al Ixtli etérico y colocarlo en los puntos de dolor. Diez minutos fueron la diferencia, me acabaron de trabajar sin mayor sufrimiento de mi parte. Nuevamente al ceder la anestesia, ya en casa, me coloqué al Ixtli en los puntos de dolor, esta vez 45 minutos. Cuando terminé, cero dolor, cero inflamación. La única molestia que tuve fue pasajera al abrir la boca, pero sólo fue por unas horas. Gracias Obsidiana, gracias Ana Silvia.

Blanca G. Carrillo Serrano

Esta entrada se publico el Lunes, Agosto 10, 2009 a las 6:03 PM y está archivado bajo la categoría Aportaciones de la Comunidad, Obsidiana, Testimonios. Puedes seguir las respuestas a la entrada con RSS 2.0 RSS. Puedes ir al final y comentar, ligar desde sitios web no está habilitado.

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