Todavía estoy sorprendida de encontrarme en este camino…
Todavía estoy sorprendida de encontrarme en este camino…
Tuve un gato, al pobrecito lo llamé Pánfilo, y a pesar de las protestas de mi padre y su veterinario, nadie pudo defenderlo de tal atrocidad, pero a mí siempre me gustó ese nombre. Tal vez debí llamado Concho, porque era terriblemente conchudo, ¡bueno, era un gato! En fin, el caso es que Pánfilo enfermó de los riñones, y yo estaba muy triste porque todavía no realizan trasplantes de riñón para gato, y la medicina alópata no puede curar esta enfermedad. Una amiga muy querida me comentó que conocía una mujer que atendía caballos con cuarzos o cristales y con obsidiana. La persona recomendada era Ana Silvia Serrano Osornio, quien resultó ser un estuche de monerías, incluidas su capacidad y eficacia para sanar humanos y animales.
A mi me enseñaron que si las cosas que no se ven y no se pueden medir no son de fiar y por supuesto no son serias, por tanto nunca creí que los cristales y la obsidiana funcionaran… a fin de cuentas eran brujería. Pero Pánfilo estaba enfermo, no tenía nada que perder, así que pensé: “si me piden que lo tome de los pulgares y lo sacuda, pues lo sacudo, lo peor que puede pasar es que no funcione”.
Los análisis de sangre que le habían hecho a Pánfilo poco antes de comenzar el tratamiento indicaban que además de los riñones, había daño en hígado y anemia. Comenzamos el tratamiento, y digo comenzamos porque a mí también me tocó usar cuarzos, como se sabe, si los papás no están bien, los hijos tampoco. Cuatro meses después repetimos los análisis de sangre, los riñones habían mejorado, el hígado estaba bien y ya no había anemia.
Pánfilo murió 3 años después, lo ví mal solamente un día. Tres días antes de morir estuvo paseando por el tejado del vecino, y su veterinario me dijo que había tenido una sobrevida larga –considerando su enfermedad.
Puesto que finalmente Pánfilo murió, se podría pensar que el tratamiento no tuvo éxito. Yo no lo creo así. Somos mortales. Creo que en este caso el tratamiento sirvió para que el gato tuviera una buena vida y un tránsito suave hacia la muerte. En ocasiones estos tratamientos sirven para eso, para tener una muerte tranquila y digna.
Después se enfermó Akasha, otra gata. Ella tenía una tos rara, de modo que pedí al veterinario le hiciera algunas radiografías. Éstas mostraron que el músculo que mantiene la tráquea “abierta” había perdido fuerza (tono muscular bajo), por lo que se cerraba, dificultando con ello la respiración del animal. La única solución era cortisona en aerosol cada vez que Akasha lo necesitara.
Aterricé nuevamente en el tratamiento de cristales y obsidiana… en ese momento ya estudiaba el diplomado en obsidiana con Ana Silvia, y tenía credencial de cliente frecuente. Tratamos a Akasha con obsidiana. Poco tiempo después dejó de toser, como 6 meses después le volví a tomar radiografías y la laringe estaba perfectamente bien. Actualmente Akasha tose muy esporádicamente, digamos como cualquier animal sano.
Poco después de morir Pánfilo, me regalaron otro gato. A este le tocó tener tapados los ductos de los lagrimales, por lo que “lagrimeaba” más de lo normal. Según me explicó el veterinario a los perros malteses les sucede lo mismo. En esta ocasión sí había solución, anestesiar al animal, destapar los ductos, esperar unos 3 ó 4 meses a que se volvieran a tapar y repetir la operación. Nuevamente recurrí a los cristales, y nuevamente funcionaron. Ahora lagrimea muy de vez en cuando, ¿y quién no lo hace?
Hace 1 año aproximadamente trabajé con Perica, otra gata. Ella tenía laceraciones (como fuegos) en el hocico. Nuevamente el veterinario me dijo que no podría hacer nada, y nuevamente recurrí a la obsidiana. Un par de meses más tarde Perica estaba totalmente recuperada, y así se ha mantenido desde entonces.
Estos tratamientos se caracterizan por tener beneficios a largo plazo, son muy baratos, no tienen contraindicaciones, no duelen y no hay efectos secundarios negativos. Otra característica es que en general los tratamientos duran aproximadamente 4 meses, y se realizan todos los días. El tratamiento es realizado por los dueños, lo cual fortalece el vínculo con la mascota, no es necesario salir de casa, la consulta proporciona una atención más profunda y da seguimiento. Pero el éxito está cifrado fundamentalmente en la constancia. Permítanme relatar un caso que pudo tener un final feliz, pero la inconstancia no lo permitió.
Se trata de un caballo. Todos los caballos son nerviosos, pero éste es más nervioso de lo habitual. Cuando me pidieron que lo atendiera, era difícil montarlo porque frente a cualquier movimiento, ruido u objeto desconocido intentaba huir. Los miedos le impedían acercarse con tranquilidad a un obstáculo que debía saltar si había alguien cerca, aunque fuera su cuidador. Si las indicaciones para saltar un obstáculo no eran perfectamente claras, el animal no saltaba (rehusaba y/o no resolvía el obstáculo). Al trabajar con él en su caballeriza, era difícil tocarle la cabeza. Pacté con el dueño un tratamiento de 4 meses. A este caballo lo atendí con las 3 técnicas (cristales/cuarzos, obsidiana y Reiki). Después de un par de semanas de terapia el caballo ya no se asustaba tanto. Ya permitía que le tocaran la cabeza sin problemas, saltaba los obstáculos aunque hubiera alguien cerca, saltaba aunque el mando no fuera adecuado y la hija del dueño podía montarlo sin problemas. Sin embargo, a las 5 semanas el encargado del caballo me dijo que ya no trabajara más con él… 3 meses después me enteré que el caballo nuevamente había dejado de saltar adecuadamente, deteniéndose bruscamente frente a los obstáculos (rehúso).
Como decía, me enseñaron que este tipo de atención es pseudocientífica, nada serio. Por esta razón, cada vez que atiendo una enfermedad diferente me pregunto qué tal funcionarán los cuarzos, la obsidiana y el Reiki, lo que me tiene encantada, es que nunca me han defraudado.
Por último, sólo quisiera comentar que mis dos grandes pasiones en esta vida son la gente y los animales. Por la gente estudié psicología, que hoy por hoy es mi fuente de ingresos. Por los animales no estudié veterinaria, porque no podría haber operado ningún animal sólo para aprender. Sin embargo ahora puedo ayudar a la mejoría de los animales, con técnicas muy benévolas y poco agresivas, aunque no estén plenamente avaladas por la medicina convencional.
Si hoy tuviera que elegir entre una práctica o la otra, realmente estaría en un predicamento, ya que ambas me proporcionan gratificaciones diferentes e insustituibles.
YB

Agosto 2, 2009 a las 9:17 PM
Caray, no me he entrado de la tarjeta de cliente frecuente, donde la tramito??????? Jejejeje